
Puta ira. Maldita tristeza. Jodida salud. Bendita resignación, amiga mía aunque no la busque. Esta es como ese amigo complaciente con ganas de agradar, que hace cualquier cosa por ser aceptado, y ahí está conmigo a sabiendas de que es casi una sombra. Porque lo que yo quiero es gritar bien alto, soltar cuatro sandeces, mandar a la mierda a la rutina y no va a poder ser. Y sigo restándole días a mi vida, anclada en mi malograda salud y pese a que no lo quiera enfrascada en mi tristeza. Días malos de esos que tenemos todos, sí, estoy de bajón otra vez y no me gusta y me jode y me fastidia y me tengo que aguantar.
Me siento extraña, dentro de mis rarezas. Quisiera estar contenta o al menos no estar apagada, sentirme conectada al mundo y va ser que no. No de momento. Más de lo mismo, que siempre acabo quejándome, supongo que soy una inadaptada a pesar de ser amiga de la resignación y es que hay amistades que ni con el tiempo calan. Claro que otras que parecían haber dado en la diana, no llegaron ni al tobillo. Pues eso que estoy jodida y me vuelvo a mi urna de cristal. Que no se apague la luz, que con ella hay vida y mientras haya vida hay esperanza.




